Aldeas galas

(Publicado en ‘El Diario Montañés’ el 24 de noviembre de 2013)

Nunca he entendido por qué Astérix y Obélix no han protagonizado pancartas en revoluciones, protestas y quemas en general. Aquellos “locos romanos” nunca conseguían ni acercarse a la única aldea gala que se resistía a la conquista de las tropas de Julio César en los comics de los geniales Goscinny y Uderzo. Yo, si algún remoto día encabezase alguna protesta, tengo claro cuál sería la inspiración para mis emblemas. En el contexto de crisis económica, parece bastante evidente lo que las andanzas de los dueños de Idéfix y compañía tienen de analogía con uno de los conflictos más repetidos estos días: el uso y abuso de algunas empresas para con sus trabajadores.

Esto viene a cuento porque el otro día viendo ‘Salvados’, esa exhibidora de conflictos latentes en forma de programa de televisión, volví a recordar los comics que devoraba de niño, cuando no entendía de metáforas. Hablando sobre los abusos de algunas multinacionales en la actualidad, el Follonero (sí, soy de los que siguen llamando así a Jordi Évole) exponía lo sucedido hace un par de años en un pequeño pueblo de Francia, en Floranges, ante la amenaza de Arcelor Mittal de cerrar la factoría de acero que vertebra a la comarca. La multinacional del magnate indio Lakshmi Mittal, a modo de Julio César, trató de achantar a la aldea gala, pero se encontró con miles de Astérix que hicieron de la protesta una poción mágica digna de Panorámix y consiguieron evitar convertir a la comarca en un desierto. No sólo eso, le arrancaron al indio un compromiso de futuro con la factoría en forma de inversiones.

Bien, seguro que la mayoría de los espectadores del programa vibraron ante los logros conseguidos como consecuencia de unas movilizaciones extremas. Pero algunos no necesitamos ver imágenes del país vecino, porque siempre tenemos bastante presentes otros conflictos no tan lejanos en el tiempo. En ‘Salvados’ pasaron por alto ejemplos más cercanos en el espacio, los que muchos vivimos en primera persona en la década de los ochenta cuando las reconversiones hacían estragos en algunas comarcas de España, sobre todo en el norte.

Los campurrianos no olvidamos la primavera de 1987, cuando la Guardia Civil ocupó las calles de Reinosa con tanquetas y camiones blindados. Era el despliegue que el por entonces ministro del Interior, el socialista José Barrionuevo, estimó adecuado para hacer frente a las protestas de los trabajadores de ‘Forjas y Aceros’, la ‘Naval’, después de que la dirección de la empresa plantease un ERE que consideraban abusivo. Estamos hablando de la empresa que daba y da de comer a media comarca, de una reducción de casi la cuarta parte de la plantilla. Los enfrentamientos fueron subiendo de tono hasta que en los días que coincidieron con la Semana Santa, la capital de Campoo se convirtió en un campo de batalla. El resultado, la muerte de un currante, 21 heridos y 28 detenidos. Conviene recordar que aquella movilización masiva consiguió su objetivo y evitó una segura catástrofe laboral.

Hay quien mantiene que los tiempos han cambiado, que ahora, estamos tan anestesiados ante tantas medidas de austeridad, ante tantos recortes de empleo, que caemos en la desidia ante lo que nos parece inevitable. Aunque entre tanta bruma, lo sucedido hace unos días en Madrid, los efectos de una huelga total en el sector de la limpieza de las calles y de la recogida de basuras, quizás se convierta en un rayo de luz. Las movilizaciones consiguieron evitar despidos masivos aunque fuese necesario llegar hasta extremos de riesgo para la salud. A los locos romanos, a los empresarios, no les quedó más remedio que ceder ante la pócima de la lucha obrera. Ver veremos si esta radicalización se convierte en algo habitual a partir de ahora. Falta hace, ¿o no?

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Jalogüin

(Publicado en ‘El Diario Montañés’ el 3 de noviembre de 2013)
Las conquistas más efectivas, las que son más duraderas en el amor y en la guerra, son aquellas que no suponen un gran y rápido despliegue, sino esas otras más pausadas, en las que se va ganando terreno poco a poco, sin excesivos sobresaltos, sin golpes de efecto. No se equivoquen, no es esta una de esas columnas de consejos románticos, no, pero creo que el símil de las líneas anteriores es necesaria para explicar ese fenómeno que nos invade desde hace unos pocos años y que nadie sabe con precisión cómo se ha producido.
Nos hemos rendido ante Halloween, Jalogüin si como yo se resisten a usar el anglicismo para que la derrota resulte menos dolorosa. Nos hemos dado por vencidos por la fiesta con la que los anglosajones celebran la víspera del Día de Todos los Santos. Nos han invadido sus símbolos. El ataque ha sido eficaz porque se ha centrado en dos de nuestros principales puntos flacos: los niños y el consumismo. Dale a un escolar un motivo para disfrazarse y la posibilidad de recolectar chucherías a diestro y siniestro, y ya te lo has ganado. Para elevar el asunto a la categoría de tradición, basta con crear la necesidad de que sea imprescindible una escenografía específica, en este caso motivos fantasmagóricos (y horteras), y si miramos los escaparates de los negocios estos días, vemos que esa batalla la perdimos hace tiempo. Si como a mí les revienta el ambiente consumista que se respira dos meses antes de las fiestas navideñas, Jalogüin sólo ha conseguido alargar ese tedio.
No es más que otra de las consecuencias del fenómeno de la globalización, y de las modas importadas. Podemos estar más o menos de acuerdo con lo que tienen de relativismo cultural, pero sí que extraña la facilidad con la que hemos asumido ésta en concreto, Jalogüin, cuando aquí, en Cantabria y en el resto del norte de España, tenemos una tradición con los mismos orígenes que la anglosajona: la finalización de la temporada de cosechas y el honor a los difuntos desde el punto de vista pagano. Los celtas lo llamaban Samuin o Samain, y en Cantabria hay colectivos como ADIC que se esfuerzan por recuperar su celebración, su identidad, frente a la globalización.
En esta semana en la que el sistema educativo en general, y la llamada ‘ley Wert’ en particular, está en entredicho, cabe preguntarse qué es lo que falla en los años de aprendizaje escolar para que las tradiciones locales queden en el olvido en favor de otras inspiradas en otras culturas y que se celebran en las aulas con alegría. Nos merecemos un tirón de orejas por no exhibir con orgullo lo nuestro y por mirar con empecinamiento los escaparates llenos de motivos de Jalogüin. Mal. Comencemos la reconquista del Samuin.

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Pasar el agua

Desde hace unos días, tengo un par de ‘tuppers’ llenos de croquetas en la nevera. Sí, es parte del ritual de todas las visitas que me hacen mis padres. Lo anecdótico en esta ocasión es el motivo real que les trajo a Gijón. Resulta que mi madre y sus amigas se enteraron de que en Asturias hay una ceremonia para eliminar el mal de ojo, así que no dudaron en organizar una excursión para ‘pasar el agua’. A todas ellas les convencía eso de que beber de una botella ¿hechizada? tres veces al día durante una semana, es suficiente para llenar sus vidas de buenas noticias.

Hay que aclarar que ni mi madre ni ninguna de sus amigas tienen grandes problemas que les lleven a acudir desesperadas a la superstición para solventarlos. No. Como mucho, que yo estoy en el paro, una preocupación cotidiana y habitual, vamos. Este episodio quedaría dentro de lo anecdótico, de no ser porque tras contárselo un amigo a su madre, no tardó en pedirme los datos de la señora que ‘pasa el agua’. ¿Estamos ante hechos aislados o hablamos de un fenómeno generalizado? ¿Creen las mamás de España que sólo con la brujería podremos salir de la situación de crisis económica? Universidades del mundo que se dedican a elaborar estadísticas absurdas, ¿por qué no dedican tiempo a indagar en esta cuestión?

Hace unos días leí que tenemos los políticos que nos merecemos, porque nosotros les votamos, y que los dirigentes a su vez, fomentan las sociedades que les interesa tener. Y puede que aquí esté la clave del asunto, que en esta sentencia se encuentre la justificación de los recortes en investigación, de las trabas a la educación: el Gobierno quiere que vivamos en la ignorancia, que la única ciencia para nosotros sea la esotérica. Pues nada, todos a ‘pasar el agua’.

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Profesionales de la política

Siempre me ha fascinado Miguel Ángel Revilla como personaje. Su faceta política es más cuestionable, por lo que tiene de populista, sobre todo, con sus excesos y sus defectos. Pero su valor como farandulero no tiene precio. Ahora que multiplica sus apariciones públicas para promocionar su libro, podemos comprobarlo fácilmente. Anoche en ‘El Hormiguero’ demostró que es un figura, además de eclipsar a ese ególatra que va de showman llamado Pablo Motos.

Revilla cantó una ranchera mexicana, perpetró un par de chistes, detalló algunas anécdotas con el Rey y promocionó las anchoas de Santoña. Vamos, lo que siempre se espera de él. Pero mientras demostraba su ausencia de sentido del ridículo, soltó algunas reflexiones interesantes disfrazadas de ironía. Y es que esa es su marca. Coló un ataque a quienes no han desempeñado otro oficio más allá de la política. Él es economista y trabajó como tal antes de dar el salto a la política, y considera que no es bueno que existan lo que él llamó “profesionales de la política”.

Yo hasta hace poco pensaba como el ex presidente de Cantabria. Creía que a los políticos en general debería exigírseles una experiencia profesional previa fuera de la res pública, eso de ser cocinero antes de fraile, vamos. Una trayectoria que poder recuperar tras desempeñar algún cargo público. Pero fue llegar Álvarez-Cascos al Gobierno, y cambiar mi opinión.

Reconozco que me pareció valiente su decisión de situar al frente de algunas consejerías a personas sin experiencia política, pero con un reconocido prestigio profesional. Perfiles ténicos frente a perfiles políticos. Pero su error fue llevar esto al extremo, al dar responsabilidades ejecutivas a gente sin ningún tipo de pericia comprobada. Las consecuencias han sido evidentes y repetidas en los últimos meses: situaciones bochornosas en comparecencias parlamentarias, falta de acción en algunos departamentos… Un desastre.

Moraleja: para desempeñar funciones legislativas o ejecutivas es imprescindible tener experiencia. Ahora veo bien que haya profesionales de la política, es un oficio más. Ojo, pero siempre y cuando el sentido de la responsabilidad y del servicio público imperen. Esperemos que para eso sirva la ‘Ley de transparencia’ que aprobó hace unos días el Gobierno central. Esperemos…

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La aldea gala

Hace 25 años, apenas podía salir de casa. Ni yo ni ninguno de mis amigos. En la primavera de 1987, la Guardia Civil ocupó las calles de Reinosa con tanquetas y camiones blindados. Era el despliegue que el por entonces ministro del Interior, el socialista José Barrionuevo, estimó adecuado para hacer frente a las protestas de los trabajadores de ‘Forjas y Aceros’, la ‘Naval’, después de que la dirección de la empresa plantease un ERE que consideraban abusivo. Estamos hablando de la empresa que daba y da de comer a media comarca, de una reducción de casi la cuarta parte de la plantilla. Los enfrentamientos fueron subiendo de tono hasta que en los días que coincidieron con la Semana Santa, la capital de Campoo se convirtió en un campo de batalla. El resultado, la muerte de un currante, 21 heridos y 28 detenidos.

En aquellos días yo empezaba a estar interesado en la lectura de comics. Devoraba las aventuras de Tintín y de Astérix. No es de extrañar entonces que enseguida encontrase paralelismos entre lo que sucedía en mi pueblo y las historias de la pequeña aldea gala de Obélix y Panorámix. Aquí los (locos) romanos eran los efectivos de la Guardia Civil, a los que los campurrianos, conseguían acorralar pese a no tener ni sus armas ni su preparación. Aunque enseguida aprendí que no había pócima mágica que valiera, que lo que les hacía casi invencibles era la lucha obrera, la defensa de sus derechos laborales, el interés por la pervivencia del sector industrial.

Mucho me acuerdo estos días de aquellas movilizaciones. De hasta dónde podemos llegar los trabajadores para defender nuestros empleos. Y lo hago con nostalgia…

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¿Renovarse o morir?

No son pocos los que han tratado de hacerme cambiar de opinión sobre mi rechazo absoluto a ‘The artist’. Esfuerzos en vano. Sigo pensando que es una auténtica tomadura de pelo que el tiempo colocará en el cubo del olvido. Mientras tanto, y para huir del radicalismo, usaré a la peliculucha muda como metáfora de una obviedad: hay que renovarse o morir.

El artista-sin-sonido consagrado ve cómo su carrera se va a la deriva por no querer adaptarse a los tiempos, mientras una joven-sonora promesa consigue el éxito. Y claro, no le queda más remedio que cambiar, que evolucionar. Es ley de vida: llega un momento en el que la experiencia acumulada pierde valor ante la llegada de nuevas circunstancias. Pasa en cualquier profesión, en periodismo, por ejemplo, supongo que en su día fue traumático el cambio de la máquina de escribir por el ordenador, la sustitución del fax por Internet.

Con la reforma del mercado laboral recién aprobada por el Gobierno, esta obviedad adquiere la categoría de inutilidad. Da igual que te adaptes, no importa la experiencia, tu trabajo no tiene por qué ser de calidad, porque no será valorado. Si tienes empleo, te despedirán con una indemnización irrisoria para poder contratar a un par de chavales inexpertos, pero más baratos. Si buscas curro, al empresario no le importará lo largo que sea tu CV, te ofrecerá la misma miseria salarial que a un recién licenciado.

¿Cuál es la moraleja? Que ahora da igual que te renueves, porque morirás (laboralmente) igual.

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Buscar culpables

Dos meses y dos días en el paro. Sesenta y dos días sin trabajo. Ya es hora de buscar a los culpables de mi situación.

¿Serán los empresarios? Un par de malos gestores llevaron a pique a la productora en la que trabajaba. Supongo que ya habrán aprendido la lección de que no se puede pretender sacar a flote un proyecto que depende de un solo pagador, RTPA en este caso. Bien. Parece que la culpa es de ellos. Aunque…

… ¿puede entonces que el responsable sea ese único pagador? ¿Qué pinta el (des)Gobierno del Principado? Al cortar el grifo a las productoras, el Ejecutivo ahogó a esas pequeñas empresas que como la que me daba de comer, vivían del desembolso de dinero público. Vaya, pues Cascos y su séquito también tienen parte de la culpa.

¿Y yo? ¿Soy un número más de las listas del paro porque yo quiero? En lo que llevamos de año, tres ofertas de empleo, tres, han llegado a mis manos. En dos se especificaba el salario, que quedaba muy por debajo del mileurismo, y en todas se exigían unos conocimientos y unas responsabilidades desmesuradas. Vaya, pues sí que hay trabajo, parece que soy culpable de ser escrupuloso y de querer vivir además de sobrevivir pagando la hipoteca. Nada, en el tema periodismo no hay movimiento…

Entonces está claro, si estoy en el paro es porque quienes me formaron no me inculcaron la idea de tener un ‘plan b’ a mi profesión. Ay, doctores de universidad, tutores de mi instituto, profesores de preescolar, ¿por qué no me metisteis en la cabeza que las necesidades del mercado laboral no siempre se corresponden con mi preparación profesional? Y es más, ¿por qué no me obligasteis a aprender otro oficio? Decidido, la culpa también es de ellos.

Aunque, ojo, ¿y mis padres? Se hartan de decir que con menos de cinco años entrevistaba a mis ‘playmobil’ y devoraba la edición dominical de la prensa. ¿Acaso no debieron terminar con mi temprana vocación a golpe de manotazo? ¿No deberían haberme obligado a trabajar en la misma empresa en la que mi padre lleva 40 años y que da empleo a medio Reinosa? Definitivamente, ellos son los responsables. O no…

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